Salud Integral

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Análisis de la realidad


La salud de los y las jóvenes es un asunto de especial interés para cualquier observador de la sociedad española actual. Los accidentes de tráfico, el sida, los problemas de salud ligados al sexo, el consumo y el abuso de drogas y la conducta alimentaria, son ejemplos de la diversidad y de la variedad de determinantes de la salud de los y las jóvenes. La susceptibilidad de la juventud al impacto de los cambios sociales y culturales y a factores de riesgo para la salud, les convierte en un punto focal en salud pública. La sociedad de hoy está interesada por los acontecimientos y efectos del binomio salud y juventud.

Los cambios en los patrones de consumo y de ocio y los valores sociales característicos del dinamismo del entorno que rodea a los y las jóvenes condicionan su salud. La vulnerabilidad de las personas jóvenes viene favorecida por el acceso al consumo y la disponibilidad de información que circunda en todos los sentidos el entorno y la vida de las mujeres y hombres jóvenes.

Se ha observado que el peso de los determinantes más importantes relacionados con la mortalidad y la morbilidad de la población juvenil es cambiante y los principales problemas de salud que les afectan se distribuyen de manera diferente según grupos de edad, género, comunidad de residencia y clase social. Además, la distribución de los problemas relacionados con determinantes culturales y con la conducta presenta una dinámica que requiere la constante actualización del conocimiento, para actuar sobre ellos de forma efectiva.

El concepto de salud ha cambiando significativamente a lo largo del tiempo. La conceptualización de la Organización Mundial de la Salud de primera mitad de siglo, que entiende la salud como «un estado de completo bienestar», ha evolucionado; hoy se comprende mejor el concepto de salud al explicarlo como «un recurso para la vida y no el objetivo de la vida», en el cual, estar sano es «la capacidad [...] para mantener un estado de equilibrio apropiado a la edad y las necesidades sociales...»(Blum, 1981).

Conocer el estado de salud es estudiar los diferentes determinantes relacionados con la biología de la persona, con el medio ambiente en el que vive, con el sistema sanitario que le atiende y con los estilos de vida que caracterizan a su comunidad y a él y a ella como individuo o individua. Es decir, que los factores personales, sociales, económicos y ambientales influyen en el estado de salud y, por tanto, las estrategias de defensa y protección de este derecho, la adopción de estilos de vida, los hábitos de consumo y el manejo del riesgo, están directamente relacionadas con la promoción de la salud.

Como ya se ha planteado, uno de los determinantes de los cambios en las condiciones sociales es el del acceso a la información: es posible que jamás hasta ahora el papel de ésta, en la orientación de las vidas y conductas de las personas, haya sido tan importante. Los y las jóvenes manejan una cantidad de información formal e informal como nunca antes había ocurrido. Por supuesto, este fácil acceso a gran cantidad de información influye en la construcción de las creencias, los conceptos, las actitudes, los valores y los procedimientos que en todos los ámbitos de la vida, incluida la salud, son utilizados por los y las jóvenes. Sin embargo, gran cantidad de información y acceso fácil a la misma no es garantía de su calidad ni su buen manejo, ni tampoco la existencia de una buena información garantiza el cambio de creencias, actitudes y estilos de vida.En efecto, frecuentemente aparecen contradicciones entre la información, las normas y valores culturales, la presión de los iguales y otros acontecimientos del entorno que afectan a los hábitos de salud de los y las jóvenes.

Por otro lado, intereses encontrados entre la salud pública y el mercado producen discursos contradictorios que pueden generar en los chicos y chicas sentimientos de desorientación. Por ejemplo, mientras que continuamente se promueven discursos de rechazo al consumo de drogas ilegales, el alcohol o el tabaco son ofrecidos masivamente a los y las jóvenes en sus propios contextos, vendidos con excelentes campañas de marketing que los maquillan hasta convertirlos en productos completamente integrables en su cultura.

La influencia del sistema familiar, las creencias religiosas, la etnia y la influencia de los iguales en la formación de las creencias sobre salud de los y las jóveneses cada vez más prevalente en la construcción de los estilos de vida con relación a la salud. Tanto en la escuela, como en el lugar de trabajo, la familia dimensionada y la tribu, así como la influencia del intercambio y el aprendizaje social, merecen ser tenidos en cuenta como determinantes para la salud de los y las jóvenes.

En definitiva, debemos entender que, el joven y la joven aprenden mediante un proceso condicionado socialmente, a través de la cultura. En su comunidad aprende cuáles son las restricciones sociales de los comportamientos y parte de este aprendizaje tiene que ver con el desarrollo de las percepciones y conductas relacionadas con la salud. En ese proceso, los y las jóvenes generan sus propias señas de identidad diferenciadoras de su grupo social y cultura de la salud.

Como consecuencia, la salud en los y las jóvenes se configura como área temática y de intervención con personalidad diferenciada, en la que diversos grupos con características propias presentan demandas y necesidades de su salud individual y colectiva.

Por tanto, la atención a las demandas de salud de la juventud debe partir del respeto a los principios fundamentales de equidad (mediante la intervención allí donde se dan situaciones de desventaja social), heterogeneidad (teniendo en cuenta la diversidad de los y las jóvenes y sus múltiples actividades), integralidad (abarcando distintos aspectos de la vida de los y las jóvenes y la salud) y participación (implicando a los propios jóvenes, individual y colectivamente, para que sean sus propias claves las que definan las intervenciones).

Como se sabe, hablar de salud de los y las jóvenes hoy día es hacerlo, sobre todo, de sida, accidentes de tráfico, problemas de salud relacionados con la sexualidad, consumo-abuso de drogas, trastornos de la alimentación y otros emergentes, entre los que encuentran los problemas más relevantes de la juventud española y europea. Pero también es necesario abordar otros temas de salud que por no causar tanta alarma social tienden a no estar tanto en las carteras de prioridades como la actividad física, la salud mental o la promoción de estilos de vida saludables, que implican el estudio de la adecuación del tiempo de trabajo, estudio, ocio, consumo, etc.

Tenemos hoy en España uno de los mejores sistemas sanitarios públicos del mundo, un sistema que tiene cobertura universal: todas las personas por el hecho de ser ciudadanos españoles y ciudadanas españolas tiene derecho a las prestaciones. Sin embargo, quedan excluidas de la atención sanitaria las personas que no puedan acreditar dicha ciudadanía.

Es necesario avanzar en la mejora del sistema de salud público, humanizando la atención a los y las pacientes (para ello es necesario contar con más personal y mejores condiciones laborales en los hospitales, controlando la subcontratación de empleos), reduciendo las listas de espera de forma efectiva, y mejorando la gestión de la sanidad pública. En España se invierte en sanidad el 7’5 % del PIB, dos puntos menos que la media europea (“Exclusión Social, una realidad a superar”).

Pese a los aspectos mejorables, el sistema sanitario público es la garantía de igualdad en un derecho básico y fundamental como la salud. Sin embargo, hoy parece que intenta glorificarse a lo privado como más eficiente y barato que lo público, y la sanidad pública está seriamente amenazada por los procesos privatizadores que ya se han llevado a cabo en otros sectores.

La privatización puede tener graves consecuencias para los usuarios, y los y las profesionales de la sanidad, con el consiguiente deterioro en la atención sanitaria.
 

El papel del movimiento asociativo juvenil


La pretensión principal de nuestro trabajo en el campo de la salud es sensibilizar a la población joven con el fin de modificar y/o mejorar los hábitos de vida y, por tanto, su propia calidad de vida, así como hacer llegar al resto de la sociedad nuestras ideas, inquietudes, reivindicaciones y participar tanto en las posibles soluciones como en hacer que se cumplan las bases legales relativas a salud y juventud.

Nuestro discurso y nuestra labor cotidiana deben huir de paternalismos, reproches y consejos simplistas. Nosotras y nosotros debemos apoyarnos en la idea firme de que el agente receptor/a, en este caso la población juvenil, debe ser al mismo tiempo el agente emisor: los y las jóvenes deben ser protagonistas activos y activas del proceso. Es desde aquí desde donde surgen y deben surgir estrategias que canalicen parte de nuestro esfuerzo.

Dentro de las múltiples formas en que la educación para la salud se materializa, la educación entre iguales es una de las principales vías de trabajo desde donde operan las organizaciones juveniles: jóvenes asociados y asociadas informan e influyen activamente sobre un grupo de personas de su mismo rango de edad.

La educación entre iguales surgió de la enseñanza entre iguales y se centraba en ayudar a jóvenes con problemas personales y sociales. Comenzó en los años setenta y se usaba principalmente en Norteamérica. El método a menudo se fijaba en cambios de comportamientos específicos y en el desarrollo de habilidades. Los y las jóvenes fueron preparados y preparadas para aconsejar a otras personas de sus mismas características (en algunos casos habían pasado ya por el mismo problema). En España, podríamos llegar a afirmarque el movimiento asociativo juvenil ha sido uno de los grandes impulsores de este tipo de metodología de trabajo de “joven a joven”.

Apostamos firmemente por la eficacia de este método: los y las jóvenes que realizan intervenciones (mediadores y mediadoras juveniles) no sólo conocen realmente los deseos, necesidades y carencias del resto de la población juvenil, si no que las comparten y utilizan su mismo lenguaje. La relación que se establece entre las distintas personas no es piramidal, lo que eleva enormemente la receptividad del mensaje. De ahí que el mensaje que les llega desde el movimiento asociativo juvenil sea tan cercano y favorezca su aceptación y asimilación.

La educación entre iguales no es una teoría o una hipótesis sin refutar. Se ha convertido en el resultado de la experiencia práctica, de la investigacióndentro del campo de las ciencias sociales, la evolución en la naturaleza de la sociedad moderna y de la juventud y el movimiento por la promoción de la salud. Es parte de un movimiento que, como el Consejo de la Juventud de España, defiende el cambio en las formas informativas jerárquicas actuales, una mayor participación de la juventud y el derecho de las personas jóvenes a estar adecuadamente informadas y formadas en temas de salud, y que como fin último persigue que la promoción de la salud sea un hecho y no sólo un derecho.

 

SIDA


Sida en el mundo


Cuando hablamos del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (sida) no sólo estamos habando de una enfermedad infecciosa más, si así fuera no tendría por qué tener mayor cabida que cualquier otra en un Documento de Bases para realizar políticas de juventud. La aparición y posterior proliferación del sida ha dejado al desnudo una vez más el tipo de relaciones de desigualdad y poder que se establecen entre los diferentes países del mundo, donde los ricos son cada vez más ricos a costa de países pobres que ven cómo cada día van aumentando sus índices de empobrecimiento. El sida surge en un mundo donde las fronteras económicas establecen el cómo se afrontan los problemas sociales y sanitarios, y donde los derechos humanos son vulnerados diariamente por las estructuras económicas, los países, las instituciones y las personas.

Hay unos 42.000.000 de personas infectadas en todo el mundo por el VIH (estimaciones de Onusida, diciembre 2002) de las cuales 29.400.000 son africanas; 3.100.000 muertos y muertas por la infección, de los cuales 2.400.000 son africanos o africanas. El 90% de estas personas no tienen acceso a tratamientos antirretrovirales.

Distribución por regiones de seropositivos y seropositivas en el mundo

África subsahariana  29.400.000
Asia-Pacífico  7.200.000
América Latina/Caribe  1.940.000
Europa Oriental y Asia Central  1.200.000
América del Norte  980.000
Europa occidental  570.000
Norte de África, Oriente Próximo y países del Golfo  550.000
Australia y Nueva Zelanda  150.000

  • Cada día se infectan en el mundo más de 17.000 personas.
  • 17.000.000 de personas mueren cada año por enfermedades infecciosas (el 90% viven en países empobrecidos).
  • En algunos países africanos la esperanza de vida con la aparición del VIH se ha reducido drásticamente.
  • Cerca de la mitad de las personas que se infectan por VIH lo hacen antes de cumplir los 25 años, y por lo general mueren antes de cumplir los 35 años.
  • Sida y pobreza se retroalimentan. La pobreza es, por encima de todo, el resultado de un grave subdesarrollo económico y social, y el VIH por su parte, contribuye a destruir los avances del desarrollo en los países más afectados. La pobreza no es en sí misma la causa del sida. Sin embargo, no se puede pasar por alto la fuerte relación entre la propagación de la enfermedad y la evolución de los indicadores de desarrollo humano.

Construcción social del sida


La construcción social del sida ha estado sujeta desde sus inicios a factores de diversa índole que han convertido la enfermedad en justificación de rechazo, culpabilización, represión, discriminación y estigmatización de personas seropositivas, enfermas y sus familias.

El estigma y la discriminación al VIH y al sida, son otro de los mayores obstáculos para la prevención de nuevas infecciones, la dotación de asistencia, apoyo y tratamiento adecuados y la mitigación del impacto. El estigma asociado al VIH/SIDA y la discriminación que puede derivar de él, hace que con frecuencia se vean violados los derechos de las personas afectadas y sus familias. Esta violación de derechos incrementa el impacto negativo de la epidemia.

Los derechos humanos son inherentes a las personas en tanto que tales y se aplican a todas ellas en todas partes. El principio de no discriminación es central en la idea y práctica de los derechos humanos.

La Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha declarado que el principio de no discriminación abarca también al estado de salud, incluido el VIH/SIDA. Por lo tanto, la discriminación contra las personas con el VIH/SIDA o contra quienes se cree que están infectados o infectadas constituye una prueba decisiva de falta de respeto, protección y cumplimiento de los Derechos Humanos.

En tanto que se desarrollan instrumentos para enfrentarse a la discriminación e incumplimiento de los DD.HH., la política y la reforma legislativa serán decisivas aunque tendrán un impacto limitado a menos que se vean apoyadas por los valores y expectativas de la sociedad en su conjunto; se necesitan cambios amplios y duraderos en las actitudes sociales si se quiere avanzar en la aceptación, respeto y cumplimiento de los derechos inherentes a todas las personas.
 

El VIH/SIDA en España


Lo que hace a lo global hace a lo local. Si decimos que mejorar las condiciones de vida en el mundo y hacer de él un lugar más equitativo y menos injusto contribuiría a mejorar la situación del VIH, esto sería igual al hablar del caso concreto nuestro; mejorar las condiciones de vida en el Estado Español también posibilitaría una oposición resistente contra la enfermedad. Por eso, el acceso a un empleo digno, a la vivienda, a una sanidad pública universal de calidad, a una educación que favorezca el crecimiento personal y una visión crítica del mundo, y muchas otras cosas más serían elementos que tener en cuenta además de aquellos otros específicos relacionados con la prevención de la transmisión del VIH.

En España se estima que hay entre 110.000 y 150.000 personas que padecen la infección por el VIH, aunque probablemente más de la cuarta parte de ellas todavía no hayan sido diagnosticadas. La prevalencia del VIH en la población española está entre 5 y 6 infecciones por mil habitantes de 18 a 39 años, con tasas tres veces mayores en hombres que en mujeres, y 7 veces mayores en los residentes en el medio urbano (datos: Plan Nacional Sobre el sida).

Tres de cada cinco casos de sida son adquiridos por vía sexual y nueve de cada diez de los adquiridos por compartir material de inyección de drogas afectan a jóvenes y adultos con edades comprendidas ente 20 y 39 años. De acuerdo con la historia natural de la infección, muchas de estas personas debieron de contraer la infección muy precozmente, algunas incluso en la adolescencia. De ahí que el foco principal de atención en el trabajo preventivo y educativo, entendidos ambos en un marco general de la promoción de la salud, debe centrarse en adolescentes y jóvenes. Del éxito de los mismos dependerá no sólo el retroceso de la transmisión del VIH, sino el avance en la construcción de una sociedad donde las personas gocen de mejores condiciones de vida. Para ello será necesario establecer un marco global que fije la prevención del VIH relacionándola con los derechos humanos, inmigración, participación social, paz, educación…

Profundizando en los aspectos preventivos y en relación con el establecimiento de estrategias, hay que tener en cuenta múltiples factores, algunos que nos hacen más vulnerables y otros que nos protegen. Si queremos reducir aquellos que nos hacen vulnerables, habrá que hacer un esfuerzo para reforzar aquellos que nos protegen; entre otros, tener acceso a medios necesarios y disponer de la capacidad para poderlos utilizar, o realizar una revisión de las creencias arraigadas sobre drogas o incluso cuestionar el modelo de sexualidad en el que nos movemos. Sólo entendiendo la complejidad de estos factores se podrá profundizar en la prevención del VIH.

Recomendaciones de organismos internacionales como OMS o UNAIDS hacen hincapié en la inclusión de las asociaciones en las políticas y agendas locales. Éstas son los entes más cercanos a la población para realizar labores de prevención. En el caso de las organizaciones juveniles, su papel mediador, la proximidad con la población joven, la facilidad para generar mensajes en el mismo lenguaje que manejan el resto de los y las jóvenes y su capacidad de retroalimentación de las dificultades de éstos y éstas para tomar medidas de prevención, hacen que puedan desarrollar y participar en la creación de modelos de intervención adecuados para este grupo diana.
 

Los derechos de las personas seropositivas


La defensa de los derechos humanos supone el marco para describir la defensa de los derechos de las personas seropositivas. Con las personas seropositivas no hay derechos exclusivos que atender, sino necesidades específicas que afrontar.

La primera necesidad específica es la de falta de acceso a los tratamientos. Los costes de los fármacos para tratar la enfermedad no están al alcance de todas las personas. El incremento en el precio de los medicamentos causado por aplicar los derechos de las patentes genera en las industrias farmacéuticas beneficios multimillonarios, pero los beneficios para la salud no tienen el mismo coste para todo el mundo. La imposibilidad y el boicot a la producción de fármacos genéricos y la importación a alto coste de tratamientos antirretrovirales hacen que millones de personas no tengan acceso a ningún tipo de tratamiento. Pero la falta de acceso a los tratamientos no es exclusiva de los países del tercer mundo. En los países del llamado primer mundo que poseen sanidad pública universal, como es el caso de España, se cohabita con el cuarto mundo que tiene serias dificultades para el acceso a los tratamientos. ¿Estamos de nuevo frente una vulneración de los DD.HH.? Un debate trascendental sobre quién y cómo debe hacer cumplir estos derechos queda abierto.

Otras cuestiones no menos importantes cuando hablamos de atención a personas seropositivas son la cronicidad y el impacto de esta cronicidad en su calidad de vida. Una calidad de vida que no todo el mundo mantiene cuando sigue el tratamiento, producto de los efectos secundarios, que a veces son invalidantes. Una calidad de vida que también queda disminuida por la discriminación social y laboral que padecen las personas seropositivas.

Las indicaciones de tratamiento para adultos y para niños y niñas son diferentes, pero la disponibilidad de fármacos es muy inferior para los niños y las niñas y se siguen reclamando más estudios y ensayos para mejorar la calidad de vida de los mismos. Asimismo, los y las adolescentes y los y las jóvenes seropositivos y seropositivas requieren espacios de cuidado y acompañamientos específicos para ellos y ellas y para sus familias. Precisan que haya una vigilancia especial en que no se produzcan situaciones de discriminación y que se adapten a las situaciones especiales que requieran, ni en las escuelas ni en los lugares de ocio.

La exclusión social resultante de la falta de información frente al VIH/SIDA genera miedo, rechazo, falta de implicación y sobre todo inacción social, haciendo que las personas se refugien detrás de un muro de silencio e impidiendo la movilización social, que ha demostrado ser el arma más eficaz en la lucha contra la enfermedad.

 

DROGAS


El consumo de drogas no es algo contemporáneo, es un hecho vinculado al ser humano en prácticamente todas las comunidades de convivencia desde tiempos inmemoriales, y está condicionado por multitud de factores ligados a la propia evolución de las sociedades, las diferentes culturas y a los valores de éstas. Por ello, una reflexión acerca del significado del uso de las drogas, de las drogodependencias y del posicionamiento que adopta el movimiento asociativo juvenil, tiene que partir forzosamente del estudio, análisis y comprensión de nuestro contexto social.

A lo largo de las últimas décadas han tenido lugar importantes cambios en la realidad social española que han modificado sustancialmente las condiciones y las formas de vida: descomposición del modelo familiar tradicional, incorporación de la mujer al mercado laboral, envejecimiento de la población, tiempos y formas de disfrute del tiempo libre, aumento de la tasa de desempleo, y eclosión de la sociedad de consumo, entre otras. La idea de complejidad y cambio se sientan en los preámbulos de la historia del siglo xxi.

Entre los espacios más significativos en el proceso de emancipación de los y las jóvenes que han sufrido alteraciones en los últimos años, destacamos:

  • La familia; cambio del modelo, y mayor permanencia de los y las jóvenes en el hogar.
  • El sistema educativo; superior número de jóvenes estudiando y prolongación de su estancia dentro del sistema.
  • El trabajo; incorporación tardía al mundo laboral en relación con otras épocas, altas tasas de desempleo, precarización de los puestos de trabajo, y capacitación profesional elevada para puestos de trabajo poco cualificados y con pocas expectativas.

Nos encontramos en uno de los momentos más complicados en la configuración del proceso de socialización de los y las jóvenes afectados por vaivenes y reformulaciones constantes. La incertidumbre pasa a formar parte de la cotidianidad, condicionando sus estilos de vida que se encuentran en fase de conformación.

Las distintas configuraciones sociales que se van generando traen consigo modificaciones en las formas de consumo de drogas. Los patrones de consumo no son los mismos que los de hace unos años. Se han introducido nuevos hábitos, nuevas sustancias, y han variado también las formas y los contextos de consumo, edades y estereotipos ligados a las drogodependencias.

Durante los últimos años ha habido sustanciales cambios en la relación de los y las jóvenes respecto al consumo de drogas:

  • El ocio y el tiempo libre han cobrado un protagonismo cada vez mayor, lo que ha generalizado determinadas pautas de ocio juvenil que en muchos casos están asociadas al consumo de drogas. El emerger de diversas culturas juveniles, o los cambios en las anteriores, relacionadas con la diversión, también han establecido unas relaciones y pautas de consumo nuevas.
  • Nos hemos convertido en los eternos y las eternas jóvenes. La falta de perspectivas laborales, la flexibilidad de las normas de convivencia en el hogar y los costes de la vida nos han postergado a vivir una situación de juventud forzosa y perpetua, condicionando hasta cierto grado nuestra relación con las drogas.
  • Vivimos en una sociedad consumista: valemos lo que consumimos, se trabaja y se vive en función de las posibilidades de consumir. En esta situación social, las drogas aparecen como un objeto más de consumo, con el fomento del uso de determinadas drogas y formas de drogarse.
  • Se ha consolidado la incorporación de las mujeres jóvenes al consumo de drogas, sobre todo al de alcohol y tabaco.

Con todos estos elementos novedosos incorporados a otros con mayor arraigo en nuestra sociedad, adolescentes y jóvenes establecen sus propias maneras de relacionarse con las drogas.

Una visión certera del fenómeno que lo dibuje en toda su complejidad tiene que incluir además el análisis del consumo de drogas realizado por el mundo adulto. Los y las jóvenes somos parte de la sociedad, estamos impregnados e impregnadas del mismo sistema social, cultural y de valores que el resto de la ciudadanía. Nuestras formas de ser, estar y comportarnos, aunque con matices y carácter propio, tienen los mismos orígenes. Hablar de drogas y jóvenes, es hablar de la «salud» de nuestra sociedad.
 

Tendencias del consumo de drogas entre la población joven


Las diferentes drogas que se consumen en la actualidad se han ido convirtiendo en meros objetos de consumo en los que se busca su carácter instrumental. Las drogas, desprovistas de todo misticismo, ingresan en la sociedad de consumo de la mano de su funcionalidad para minimizar el malestar, rentabilizar el esfuerzo y/o maximizar la capacidad de disfrute. Se integran así plenamente en la sociedad del ocio y del híper-consumo.

Según datos del 5º informe del Observatorio Español sobre drogas, y del Estudio de Salud y Juventud del Consejo de la Juventud de España, podemos observar las siguientes tendencias:

  • Se ha quebrado la expansión del consumo de alcohol entre la población joven. Hay un descenso de los y las bebedores y bebedoras habituales y un incremento notable del número de jóvenes abstemios y abstemias. Los y las jóvenes demandan más información sobre los efectos del alcohol porque opinan que la juventud no identifica con claridad dónde están los límites a partir de los cuales se puede considerar que el alcohol perjudica la salud o «es una droga».
  • Entre el 30 y el 40% de los y las jóvenes de 13 a 17 años, y entre el 50 y el 60% de los y las de 18 a 29 años fuman. El consumo de tabaco es significativamente superior en las chicas frente a los chicos en el medio urbano, pero en el medio rural predomina el consumo de tabaco en varones.

La mayoría de los y las jóvenes saben que el tabaco perjudica su salud; entre el 20 y el 40% de los y las jóvenes que fuman han afirmado que quieren dejar de fumar. Sin embargo, no consideran a los servicios sanitarios útiles para ayudarles a dejarlo.

  • Los derivados del cannabis, especialmente el hachís, son las droga ilícitas más consumidas por los y las jóvenes españoles, y más integradas en sus rituales lúdicos. Asimismo, continúa creciendo el consumo de cannabis entre los y las escolares.
  • Los y las jóvenes han expresado el fácil acceso al consumo de drogas ilegales y manifiestan que el tabaco, el alcohol y el hachís se encuentran integrados en sus ambientes habituales; sin embargo, contrasta la accesibilidad al consumo de éxtasis con que sea una droga que la mayoría no probarían. A la vez demandan para ellos y ellas, y para sus padres y madres, información veraz y particularizada sobre cada tipo de droga.
  • El consumo de psicoestimulantes (cocaína, pastillas-anfetaminas, alucinógenos, éxtasis) se ha estabilizado durante los últimos años en su conjunto, y se han podido observar desplazamientos internos en el uso de este tipo de sustancias en función probablemente de modas coyunturales o de la propia oferta. Se observa una alta proporción de jóvenes que no probarían drogas ilegales, aunque discriminan entre unas drogas y otras.

Prevención de las drogodependencias y promoción de la salud


Cuando desde el Consejo de la Juventud de España hablamos de prevención de drogas nos estamos refiriendo una forma de promover estilos de vida que hagan a los y las jóvenes menos proclives a involucrarse en relaciones problemáticas con las drogas.

Si invertimos esfuerzos en favorecer el proceso de transición de los y las jóvenes al mundo adulto a través de la mejora de las condiciones de acceso al mundo laboral, de la adquisición de una vivienda digna, de la mejora de las posibilidades de uso y disfrute del tiempo libre… y se potencia el espíritu crítico, la autonomía personal y valores basados en los derechos humanos, haremos el mejor de los trabajos en prevención de drogodependencias. Si nos esforzamos por mirar más allá del propio consumo de drogas y nos detenemos en conocer los porqués, avanzaremos sustancialmente en nuestra labor de prevención y contribuiremos a que los y las jóvenes se sientan más satisfechos y satisfechas con su vida.

La prevención de drogas, como tal, persigue reducir el abuso del consumo mediante la promoción de la salud, el bienestar y la autonomía de las personas. No se limita, por consiguiente, a una actuación específica relativa a las drogas, como por ejemplo informar únicamente sobre los riesgos asociados al abuso, aunque inevitablemente incluirá elementos específicos junto con actuaciones inespecíficas destacadas.Desde el Consejo de la Juventud de España creemos que el modelo más adecuado para desarrollar las diferentes intervenciones preventivas es el comunitario, ya que tiene que ser el escenario básico articulador de las diversas propuestas que se realizan; la comunidad es agente y destinatario de la intervención; en este marco es donde tienen sentido los y las mediadores y mediadoras sociales; donde se pueden generar los espacios de encuentro que favorezcan actuaciones coordinadas y una multiplicidad organizada de programas. Como cabe esperar a partir de la complejidad del hecho que se pretende prevenir y con el fin de garantizar su efectividad, habrá que tener en cuenta el carácter multidimensional e interdisciplinar de las estrategias que haya que implementar.

Nosotros y nosotras tenemos muy presente, y es parte indisoluble de todas nuestras propuestas y reivindicaciones, que cualquier acción que se desarrolle con población joven en prevención o promoción de la salud tiene nacer de una visión integral de las respuestas, y es vital contar con la participación de los y las jóvenes desde el momento de la gestación, hasta la elaboración, desarrollo y evaluación de las intervenciones.
 

Medios de comunicación social


La opinión pública se forma, mayoritariamente, a través de los medios de comunicación y éstos para referirse a los y las jóvenes en relación con las drogas utilizan de manera habitual una imagen estereotipada y ambivalente: por un lado, los medios audiovisuales y escritos se ciñen a relatar acontecimientos sensacionalistas relacionados con las drogas que acentúan la imagen de marginalidad del colectivo joven, y por otro, la publicidad que se inserta en todos estos medios da una visión eufórica del significado de ser joven. Esta visión incide de manera directa sobre el modo en que la ciudadanía percibe el fenómeno, y sobre el tipo de respuestas que reclama para su solución.

Por eso debemos favorecer el compromiso activo de los medios de comunicación ante el consumo y abuso de drogas, teniendo en cuenta su poder influyente en las percepciones sociales. A partir de la toma de conciencia será posible proponer otros modelos, otros estilos de comunicación que ayuden a desterrar mitos y a favorecer imágenes más realistas y más positivas respecto a las posibilidades de la actuación social.

 

SEXUALIDAD


Nunca hasta ahora se ha hablado tanto de sexualidad, nunca los chicos y chicas jóvenes han gozado de tanta libertad ni de tanta información o acceso a los recursos. La creciente visibilidad de gays y lesbianas y de hombres y mujeres transexuales es un hecho. Además existe la posibilidad del debate público y en muchas de las aulas o con grupos de chicos y chicas se puede trabajar por la educación sexual.

Tan ciertas resultan estas sentencias como aquellas en las que afirmamos que las reivindicaciones que seguimos lanzando las organizaciones juveniles y otros sectores de la población en materia sexual son, en parte, similares a las de hace cien años. La sociedad occidental en la que nacemos, crecemos y nos desarrollamos nos transmite una visión reduccionista de la sexualidad. Hay muchas actitudes profundamente arraigadas que nos ofrecen sentimientos negativos, mitos, estereotipos y tabúes que ponen serias dificultades al desarrollo de la salud sexual.

En torno a esta visión de la sexualidad se ha abierto un amplio debate entre los y las que defienden una concepción tradicional frente a aquellos y aquellas que cuestionan la validez de ese pensamiento y abogan por la diversidad de comportamientos y manifestaciones sexuales, línea esta última asumida por el Consejo de la Juventud de España.

En la medida en que nuestra sexualidad se configura y se desarrolla como un proceso único, con factores psicológicos, biológicos, endocrinos, etc., estará también integrada en nuestro propio proceso de crecimiento y madurez personal. Por eso, aunque existen ciertas generalidades que pueden ser válidas para cada etapa de la vida, tenemos que partir del hecho de que no sólo hay diferencias entre la sexualidad dentro de cada grupo de edad, sino entre cada persona.

Según la Organización Mundial de Salud (OMS) se considera salud sexual “la integración de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencian a las personas, la comunicación y el amor”.

Desde el Consejo de la Juventud de España, haciendo eco de estas palabras y contribuyendo conjuntamente con organizaciones de carácter local, estatal e internacional a la normalización del significado de sexualidad y de salud, tenemos la clara intención de incorporar en cada una de nuestras acciones los valores y fundamentos de ambos conceptos.
 

Prevención y educación sexual


Teniendo en cuenta algunos estudios entre el que podemos destacar el propio estudio de Salud y Juventud del Consejo de la Juventud de España, podemos observar que los y las jóvenes del Estado Español poseen carencias informativas, educativas y de desarrollo de habilidades que provocan que en ocasiones su vida sexual no sea enriquecedora, no les ayude a conocerse, aceptarse y a disfrutar de lo que hacen, e incluso pueda llegar a transformarse en situaciones generadoras de problemas físicos, psicológicos o sociales.

Los factores que determinan la adopción de medidas preventivas en las relaciones sexuales señalan que disponer de una buena información acerca del VIH y sus mecanismos de transmisión y prevención es necesario pero no suficiente. Hay que tener en cuenta determinantes tan decisivos como son la percepción de riesgo, los ideales románticos, las habilidades de comunicación y negociación, la erotización del preservativo, la autoestima, la influencia del grupo de iguales, etc. La importancia de estos determinantes va a variar en función del género debido a la existencia de diferencias en las expectativas sociales y en los valores sobre la sexualidad e inequidad en las relaciones de poder.

La inexistencia de referentes gays, lésbicos y bisexuales dentro de la educación sexual crea una carencia informativa y educación entre la juventud homosexual, lesbianas y bisexuales que afecta desde el conocimiento de su propia orientación afectivo-sexual, hasta la aceptación de la misma.

Pero más allá de la propia prevención, la promoción y la educación para la salud han de ser los fundamentos para mejorar la salud sexual. La educación para la salud sexual tiene incorporarse con contundencia en todas las etapas del proceso educativo.

Asimismo, es preciso disponer de estrategias y enfoques educativos adicionales que permitan alcanzar a los y las jóvenes fuera del entorno escolar y a aquellos grupos juveniles que debido a distintas circunstancias sociales y/o personales quedan fuera de la corriente principal educativa.

Nuestro fin último es contribuir a la promoción de la salud, en este caso de la salud sexual. Para ello, y porque anhelamos que chicos y chicas aprendan a conocerse, a aceptarse y a expresar su erótica de modo que les resulte enriquecedora, la educación sexual se nos muestra como una línea prioritaria de actuación. 

 

MÉTODOS PROFILÁCTICOS


La promoción y la educación para la salud sexual deben de ser complementadas mediante la provisión de métodos preventivos asequibles y la proliferación de centros de diagnóstico precoz de enfermedades de transmisión sexual. Las condiciones de acceso a estos servicios y métodos y su grado de adaptación a las necesidades y preferencias de los y las jóvenes serán elementos clave que aseguren el alcance de una adecuada cobertura.

El coste y, en ocasiones, la dificultad con la que los y las jóvenes se encuentran para poder adquirir los métodos profilácticos hacen que tengamos que realizar un esfuerzo por hacerlos próximos; conseguir su abaratamiento o gratuidad, y facilitar la creación de dispositivos que garanticen que todo chico o toda chica pueda acceder a ellos.
 

Orientación sexual


Desde el Consejo de la Juventud de España debemos transmitir el hecho de que la homosexualidad es una orientación del deseo sexual tan respetable y válida como la heterosexual, así como reivindicar y trabajar por la aceptación, comprensión y el trato igualitario a todos los niveles de los y las homosexuales.

Si queremos que ninguna persona se sienta excluida, todas las sexualidades han de estar presentes en cada una de las actividades que se realicen, facilitando que todas se expresen y crezcan. Sobre todo si creemos que no hay jerarquías, que cada sexualidad está llena de posibilidades y que cada uno o cada una sólo será feliz y disfrutará «viviendo la suya».
 

Embarazos no deseados


Los embarazos no deseados entre la población adolescente y juvenil no sólo suponen el compromiso de criar a un nuevo ser cuando aún no se está preparado o preparada para asumir las responsabilidades y los roles que conlleva la incorporación al mundo adulto, sino que más allá, pueden dar origen a situaciones de marginación y desestructuración social que atañen a prácticamente todos los ámbitos de la vida —trabajo, estudios, utilización del ocio y tiempo libre, etc.— y que afectan no sólo a la joven o adolescente embarazada, sino también al padre, al bebé, a la familia y en definitiva a toda la sociedad.

Teniendo en cuenta que las acciones que desde la Administración, organizaciones, familia, otros agentes sociales, y por qué no, desde el propio movimiento asociativo juvenil, cada día se han relajado más, creemos que ha llegado el momento de retomar el trabajo, aunar esfuerzos, reivindicar acciones y poner en marcha programas que no dejen al azar la reducción del número de embarazos no deseados.
 

Atención


La atención en materia de sexualidad y anticoncepción es un derecho de todo chico y de toda chica como lo es la educación sexual. Y del mismo modo, en tanto que esta atención no esté garantizada con calidad por los conductos habituales como sería la atención primaria, será necesario crear servicios o programas que garanticen esta cobertura.

Hoy por hoy hace falta que chicos y chicas tengan «espacios« de referencia donde acudir a resolver sus dudas, ampliar información, plantear dificultades, solicitar anticoncepción o anticoncepción de emergencia… Esto es necesario no sólo como complemento de la educación sexual, sino también porque sabemos que lo sexual, lo erótico, requiere espacios de intimidad y de atención personalizada.

Estos servicios deberían ser gratuitos para los usuarios o las usuarias, ya que todas las personas tenemos derecho a la formación y la salud.

Pero, no basta con «tener el servicio», tiene que estar atendido por profesionales que conozcan de sexología y de juventud. Que exista la difusión suficiente como para tener la seguridad de que los chicos y chicas saben de su existencia y de las cosas que allí «tienen cabida», así como un horario adecuado a las realidades de los chicos y las chicas jóvenes.

La accesibilidad tiene que garantizarse, así como la confidencialidad. Dar posibilidades de consulta individual, de pareja o en grupo. De citarse previamente o acudir de manera espontánea. Consulta personal, telefónica o por correo electrónico...

Estos centros, asesorías o servicios no son excluyentes con que, a su vez, se procure formar, y se forme, a los distintos profesionales para que poco a poco vayan integrando lo sexual en lo cotidiano.
 

Medios de comunicación


Es responsabilidad de las organizaciones juveniles exigir a los medios de comunicación una mejora en la calidad de la programación, una mejora en el tratamiento de la imagen corporal juvenil en la publicidad y la incorporación de programas culturales y formativos que de manera adecuada al y a la joven favorezcan su educación.

Las campañas de sensibilización utilizando los mismos medios y el mismo lenguaje que el resto de medios de comunicación puede servirnos para «contrarrestar» y para dar visibilidad a un modo de vivir la sexualidad en el que creemos y por el que se supone que trabajamos.

Estas mismas campañas nos pueden servir para implicar a los distintos agentes sociales: familias, educadores o educadoras, profesionales…, para unificar lenguaje, objetivos y mensajes y, por supuesto, para buscar complicidades y dar a conocer los distintos programas y servicios.
 

La intervención con el colectivo juvenil


Nosotros y nosotras tenemos el papel de requerir que desde los diferentes sectores se desarrollen programas de educación sexual dentro del marco de la enseñanza reglada y en los espacios no formales, que las familias y educadores y educadoras asuman su parte de responsabilidad, que se creen servicios específicos de atención a la población juvenil y ayudar a acercar los existentes a los y las jóvenes, facilitar el acceso a la obtención de medios para la puesta en práctica de medidas preventivas (aproximar los métodos anticonceptivos a los y las jóvenes), y ampliar el campo de intervención que actualmente tiene el movimiento asociativo juvenil, incorporando la educación sexual, así como la educación para la salud en general, en sus actividades cotidianas de tiempo libre o cursos de formación, y en todas aquellas actuaciones con la población juvenil donde sea idóneo incluirla.