Mujeres jovenes

¿Cómo está el tema sobre la mujer joven?

¿Cómo está el tema sobre la mujer joven?

La situación de las mujeres y concretamente de las jóvenes ha mejorado sustancialmente a lo largo de las últimas décadas o incluso del último siglo, gracias entre otros factores al trabajo del movimiento feminista que ha señalado el camino que había que seguir. No obstante, en la actualidad, las mujeres jóvenes siguen sufriendo una doble discriminación por el hecho de ser mujeres y ser jóvenes, lo que se puede agravar en aquellas que sufren una triple discriminación como las mujeres jóvenes rurales, mujeres inmigrantes, aquellas con discapacidades, grupos étnicos minoritarios, lesbianas…

Pese a que no contamos con toda la información que desearíamos sobre su situación, fundamentalmente porque la gran mayoría de la información que encontramos no está desagregada por sexo y edad, lo cual es muy significativo, sí que vamos a intentar realizar un acercamiento bastante detallado a la situación real de las mujeres jóvenes y por lo tanto de las causas que fundamentan este trabajo en el Consejo de la Juventud de España así como de las propuestas que posteriormente presentamos.

 

Educación


En cuanto a la educación, observamos que se ha registrado un acceso masivo de mujeres jóvenes a todos los niveles educativos, de hecho, actualmente más de la mitad de la población universitaria son mujeres. Sin embargo, la segregación es un elemento fundamental que hay que tener en cuenta. La alta concentración de mujeres en estudios de humanidades y sociales en general y escasa presencia en estudios técnicos medios o superiores nos hace pensar que, pese a la gran presencia de las mujeres jóvenes en las universidades, en nuestra sociedad seguimos perpetuando la diferente asignación de roles en función del género. Continuamos educando a las mujeres en aquellas habilidades, destrezas y actitudes relacionadas tradicionalmente con el ámbito de lo privado y a los varones en las relacionadas con el ámbito público. Negándoles al fin y al cabo, a unas y a otros la posibilidad real de elegir libremente.Aprender, formarse y actualizar conocimientos ha proporcionado a un gran colectivo de mujeres jóvenes un alto grado de cualificación que debería colocarles en una buena posición a la hora de acceder al mercado de trabajo.

 

Empleo


Por otro lado, las desigualdades en materia de empleo de las mujeres con relación a los hombres sigue siendo una realidad, como nos indica el último informe anual de la Comisión Europea del año 2003: menor tasa de empleo, la duración del paro más alta, salarios más bajos y los trabajos más precarios. La Directiva 2002/73/CE, de 23 de septiembre, relativa al «principio de igualdad de trato entre hombres y mujeres en lo que se refiere al acceso al empleo, a la formación y a la promoción profesionales, y a las condiciones de trabajo», refleja que la existencia de diferencias, desigualdades y, por tanto de discriminaciones en materia laboral, es bastante superior a lo que en principio sería aceptable en Europa.

En España, las mujeres en general, y las mujeres jóvenes en particular, son las víctimas más importantes de la actual flexibilidad del mercado laboral. Y acumulan la doble discriminación a la que hacíamos mención en el principio de este documento, es decir, por ser jóvenes y por ser mujeres. La población juvenil representa el doble de tasa de desempleo que cualquier otro grupo de edad y las mujeres se caracterizan por cubrir los empleos peor remunerados y menos valorados socialmente.

El análisis del reparto de la ocupación femenina y masculina por sectores de actividad refleja el desequilibrio existente en el mercado laboral. Las mujeres jóvenes continúan sobre-representadas en profesiones «tradicionalmente femeninas» (concentración en el sector servicios) y están infra-representadas en trabajos de responsabilidad o profesiones liberales. Mujeres y hombres comparten de forma desigual sectores como nuevas tecnologías, donde las mujeres jóvenes se ocupan de tareas de menor cualificación. A esta segregación laboral horizontal se suma el hecho de percibir salarios cuantitativamente menores que los varones por realizar el mismo trabajo.

La temporalidad es otro de los grandes problemas de la juventud trabajadora, especialmente de las mujeres. Si bien una de cada tres personas asalariadas en España tiene un empleo temporal, la tasa de temporalidad española casi triplica la media europea. Como consecuencia de la temporalidad, las trabajadoras jóvenes se ven sometidas a una elevada rotación laboral, ya que los contratos son de duración muy corta. Además, continúan existiendo en la actualidad obstáculos dentro de las organizaciones empresariales que impiden a las mujeres jóvenes llegar a puestos de responsabilidad, lo que configura el llamado «techo de cristal».

El aumento de la participación de las mujeres jóvenes en el mercado de trabajo no ha llevado aparejado, sin embargo, un reparto equilibrado entre el trabajo remunerado y el trabajo no remunerado. Las mujeres jóvenes continúan siendo las responsables del trabajo doméstico y del cuidado de las personas dependientes de su entorno, asumiendo, por tanto, una doble carga: laboral y familiar. Para un mayor y mejor reparto de responsabilidades públicas entre varones y mujeres también debe producirse un reparto de responsabilidades en el ámbito privado.
 

Vivienda

Tras analizar los datos obtenidos en el tercer Observatorio Joven de Vivienda, desde el Consejo de la Juventud de España queremos denunciar la enorme dificultad que tienen las mujeres jóvenes para acceder a una vivienda. Si ya llama la atención que el 34% de las mujeres jóvenes sean inactivas laboralmente, frente al 19% de los hombres, resulta todavía más preocupante para el Consejo cómo éstas tienen un salario medio casi dos mil euros anuales por debajo del de los hombres. Así, mientras que el precio medio de la vivienda libre es un 80% superior al precio máximo tolerable que un joven puede pagar (según su salario), éste supera el 110% en el caso de mujeres jóvenes.

 

Nuevo Contrato Social


Es necesario que se produzca un Nuevo Contrato Social, que podamos compartir el poder, la vida. La palabra clave es corresponsabilidad, las mujeres han entrado en el ámbito público, no sin dificultades, es imprescindible que los varones participen y reconozcan también como suyo el ámbito privado.

Este ámbito privado lleva en cambio constante desde los inicios de la historia, incluso desde antes que se considere historia. Estamos asistiendo y participando a un cambio en el modelo nuclear de familia; según distintos estudios, las mujeres jóvenes reivindican la necesidad de una nueva definición de familia y pareja a partir de planteamientos más flexibles. Los diferentes modelos familiares (familias monoparentales, divorcio, separación, parejas homosexuales con hijos e hijas), requieren adaptaciones políticas y legislativas ya que son parte de una realidad que es necesario reconocer y valorar y que el Estado tiene el deber de proteger.

 

Medios de comunicación


Por otra parte, los medios de comunicación, otro de los principales agentes de socialización, continúan mostrando una imagen de la mujer joven estereotipada y profundamente alejada de la realidad. Y pese a que muchas mujeres realizan estudios de comunicación, es raro verlas en puestos de responsabilidad dentro de este sector.

En la publicidad se sigue presentando a las mujeres como objetos y utilizándolas como reclamo sexual.

 

Violencia contra las mujeres


En cuanto a la violencia contra las mujeres, es imprescindible proteger a las víctimas a todos los niveles, pero también hacer hincapié en la prevención, partiendo de la base de que la violencia contra las mujeres ejercida por parte de sus parejas es sólo el pico del iceberg, y que si no ahondamos en las raíces del fenómeno, en la propia existencia del sistema patriarcal, en el desequilibrio de poder, al fin y al cabo en el sistema de dominio-sumisión, difícilmente podremos construir un mundo más justo y seguro para todas y para todos.

Si seguimos la terminología de Naciones Unidas, la violencia ejercida contra las mujeres se define como:

cualquier acto de violencia dirigido contra el sexo femenino y que cause o pueda causar a las mujeres, un perjuicio o sufrimientos físicos, sexuales o psicológicos, incluidas las amenazas de tales actos, la obligación o la privación arbitraria de la libertad, ya sea en la vida pública o privada.

Tal y como señalamos en el Informe del Consejo de la Juventud de España, La igualdad de oportunidades y la participación social de las jóvenes, la violencia de género no es exclusiva de ámbitos específicos, sino que abarca una gran variedad de ámbitos sociales en los que mujeres y varones interactuamos en la cotidianidad. Hablamos por tanto, de violencia de género que se ejerce en la vida pública, la que se produce en la vida doméstica o en el puesto de trabajo, la que se ejerce desde la publicidad y los medios de comunicación a los que nos referíamos antes. También nos referimos a la violencia de género en la utilización del lenguaje y en el silenciamiento e invisibilidad de parte de la historia.

Esta violencia contra las mujeres es uno de los factores por los que se manifiesta un fenómeno que avanza en la sociedad y que afecta cada vez más a las mujeres jóvenes; nos referimos a la feminización de la pobreza, lo cual es consecuencia del todavía vigente sistema patriarcal. Otros factores que, junto a la violencia contra las mujeres, manifiestan esta feminización de la pobreza que está aumentando son el acceso desigual a los recursos existentes por parte de las mujeres, la exclusión de las mismas del control de recursos y beneficios y por lo tanto de la redistribución de la riqueza y una mayor precariedad laboral femenina.

Por otro lado, las mujeres jóvenes son además las primeras víctimas del tráfico de seres humanos, forma de violencia que combina, en la mayoría de los casos, violencia física y psíquica con el acoso y la explotación sexual.

Las medidas adoptadas en el II Plan Integral contra la Violencia Doméstica (2001-2004) no han logrado un avance significativo: nos encontramos con carencias del ordenamiento jurídico, precariedad y descoordinación de recursos. Frente a los reiterados fracasos de Planes y Medidas gubernamentales, urge una Ley Integral contra la Violencia de Género, como la que ya existe en más de cuarenta países. Una ley que además de proteger a las mujeres que son víctimas de violencia se base en la prevención, pieza clave para erradicar la violencia contra las mujeres.

Por lo tanto, podemos decir que lo que existe es violencia estructural contra las mujeres, que se manifiesta de diversas maneras, pero que es todo parte de lo mismo, y por tanto, serán necesarias acciones integrales para ir transformando este sistema injusto. Para avanzar en esta línea, es fundamental que las mujeres jóvenes sean el motor de su propio desarrollo, impulsando una presencia activa y reconocida de las mujeres en todas las instituciones, organizaciones y entidades.

 

Participación social


Uno de los principios fundamentales de los Estados democráticos supone garantizar la participación y/o representación de la ciudadanía. Sin embargo, existe un desequilibrio entre la representación pública de las mujeres y los hombres (51% de la población mundial son mujeres). La participación social de las mujeres jóvenes se enfrenta con situaciones de desigualdad de género que impiden un sistema de participación-representación equilibrado entre ambos sexos. Pese a que las mujeres jóvenes son la mitad (muy a menudo más de la mitad, y en algunas ocasiones la mayoría) de las personas asociadas en las entidades juveniles, no siempre esta mayor representación se traduce de manera proporcional en los organismos directivos, de gestión y de responsabilidad de las mismas.

Tal y como señalamos desde el Consejo de la Juventud de España en el informe La igualdad de oportunidades y la participación social de las jóvenes, pese a que las mujeres jóvenes participan, su presencia en los espacios y puestos de toma de decisiones es mínima, y mientras no consigamos la igualdad en este campo no podrán ejercer completamente los derechos que les corresponden como ciudadanas, no sólo por una cuestión simbólica: la baja representación de las mujeres en los puestos de toma de decisiones en todos los campos conduce, en muchos casos, a decisiones políticas que no toman en cuenta los puntos de vista y necesidades de las mujeres, además de ser en sí mismo un grave déficit democrático.

 

Conclusiones y retos


El Consejo de la Juventud de España se apoya en los acuerdos adoptados en la IV Conferencia Mundial de la Mujer de Pekín de 1995, donde la estrategia del Mainstreaming de Género fue asumida explícitamente en el documento de la Plataforma de Acción de Pekín.

Este decidido impulso tuvo su repercusión directa en la Política Europea, donde su incorporación está enmarcada en el V Plan de Acción Comunitario sobre Igualdad entre Hombres y Mujeres (2001-2005). El compromiso que mantiene el Consejo de la Juventud de España a este respecto se concreta en el diseño de un Plan Estratégico y la puesta en marcha de un Plan de Acción cuyo objetivo es transversalizar la perspectiva de género en su estructura y en los servicios que ofrece a sus entidades, a través de la incorporación de la estrategia de Mainstreamig de Género a corto, medio y largo plazo.

Las mujeres jóvenes afirman su derecho y su determinación de estar presentes en la sociedad. Desde el Consejo de la Juventud de España manifestamos nuestro firme compromiso con la igualdad de derechos y oportunidades, tanto a nivel interno, promoviendo con las entidades que lo forman la reflexión y el desarrollo de acciones encaminadas a lograr un mundo más justo para todas y para todos, como a nivel externo, trasladando a los organismos competentes la necesidad de poner en marcha urgentemente todas las medidas necesarias dirigidas a que la igualdad de oportunidades sea algo más que una mera declaración de intenciones.

Queremos vivir en una sociedad en la que la igualdad de oportunidades sea una realidad tangible y las y los jóvenes podamos vivir y desarrollarnos libremente como personas independientemente del sexo al que pertenezcamos. Queremos vivir en un mundo donde quepan muchos mundos.