Discapacidad

¿Cómo está el tema sobre la dispacidad?

¿Cómo está el tema sobre la dispacidad?

1. Análisis de la situación: Una aproximación a la realidad social de las personas con discapacidad


En España hay 3.528.221 millones de personas con alguna discapacidad, según la Encuesta sobre Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística en el año 1999. De estos 3,5 millones de personas con discapacidad, algo más del 6,40 %, unos 226.000, corresponde a jóvenes de entre 16 y 29 años, de los cuales 113.021 son chicos y 68.592 son chicas.

Estos y estas jóvenes, al igual que el resto de las personas con discapacidad, constituyen un sector de población heterogéneo pero que, en mayor o menor medida, tienen en común que precisan de garantías suplementarias para vivir con plenitud de derechos o para participar en igualdad de condiciones que el resto de la ciudadanía en la vida económica, política, social y cultural del país.

En este sentido, la Constitución Española, en su artículo 14, reconoce la igualdad ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna, y en su artículo 49, refiriéndose a las personas con discapacidad, ordena a los poderes públicos que presten atención especializada que requieran y el amparo especial para el disfrute de sus derechos. Pero pese a las inequívocas proclamaciones constitucionales, es necesaria la puesta en marcha de políticas activas reales que promuevan su inserción y plena equiparación social.

La entrada en vigor, coincidiendo en el tiempo con el Año Europeo de las Personas con Discapacidad, de la Ley 51/2003, de 2 de diciembre, de Igualdad de Oportunidades, no Discriminación y Accesibilidad Universal de las Personas con Discapacidad, ha supuesto un renovado impulso para las políticas de equiparación de derechos para estas personas.

Este impulso está basado en un cambio cualitativo de gran envergadura: se ha pasado de la Ley de Integración Social de los Minusválidos (LISMI), basada en un sistema asistencialista que desarrollaba medidas de acción positiva y donde se trabajaba bajo el concepto de persona con discapacidad como objeto, a un nuevo sistema de derechos y participación social, la Ley 51/2003, donde las personas con discapacidad se las reconoce como sujetos de pleno derecho.

Otro aspecto cualitativo que destacar en la creación de esta Ley ha sido el proceso de consenso que se ha llevado a cabo entre los poderes públicos y el movimiento asociativo de personas con discapacidad, ya que gracias a esta voluntad política, la Ley incorpora dos estrategias de intervención, relativamente nuevas y con orígenes distintos, que poco a poco han ido convergiendo: la estrategia de «lucha contra la discriminación» y el concepto de «accesibilidad universal», impulsado por el movimiento a favor de una vida independiente, que se podría definir como condición que deben cumplir los entornos, los productos y servicios para que sean comprensibles, utilizables y practicables por todas las personas.

A pesar de esto, todavía estamos lejos de una situación satisfactoria. La radiografía general de las necesidades y demandas de las personas con discapacidad en España podría definirse de esta manera:

  • La no discriminación y la igualdad de oportunidades. Las personas con discapacidad, globalmente consideradas, siguen sufriendo discriminaciones por razón de su discapacidad, hecho que supone una vulneración de los derechos que debe tener garantizado toda la ciudadanía, con independencia de sus circunstancias personales.
  • La accesibilidad universal, el diseño para todos y todas y la eliminación de barreras de todo tipo, porque las barreras físicas, de comunicación y mentales son una limitación a las posibilidades de actuación de las personas con discapacidad, que se añaden a la situación de desventaja objetiva de la que parten, impidiendo su participación plena en el curso ordinario de la vida social.
  • Asimismo, es necesario atajar la discriminación que las personas sordas sufren, principalmente a través de las barreras de comunicación. Los diseños accesibles deben contar entre sus principios con la atención al colectivo de personas sordas. Estas medidas para atajar las barreras de comunicación deben abordar la cuestión como un acceso de las personas sordas a los diferentes servicios y bienes que la sociedad debe poner a su alcance. El concepto de accesibilidad universal, entendido como el acceso a servicios y bienes, no puede quedarse en meras reformas urbanísticas, es necesario dar un paso más allá y atender al colectivo. Lengua de signos, recursos visuales e información escrita son tres elementos básicos y fundamentales que tener en cuenta para un diseño para todos.
  • El empleo, pues sin empleo y sin su presupuesto previo, formación, no es posible la incorporación a una vida activa que haga que las personas con discapacidad dejen de ser sujetos dependientes y se conviertan en las dueñas de su propio destino. El desempleo —con índices que superan muy significativamente a los del resto de la población— y la escasa tasa de participación (inactividad laboral), son unos de los principales problemas que sufren las personas con discapacidad y que generan una espiral de marginación y dependencia.
  • La educación es un factor de suma importancia para el desarrollo personal de las personas con discapacidad, que condiciona la posibilidad de acceder a otras vías de reconocida integración y normalización como es la del empleo.
  • La fiscalidad, entendida como herramienta de integración.
  • La salud, la prevención y la rehabilitación, pues el desarrollo personal y la plena participación social resultan imposibles si no se atienden las singularidades que las personas con discapacidad presentan en estos ámbitos.
  • La protección y la previsión sociales, porque las personas con discapacidad, necesitadas de medidas enérgicas de fomento del empleo y de la incorporación al mundo del trabajo, no renuncian al fortalecimiento y mejora de los sistemas de protección social actualmente existentes, que garanticen la situación de los que no pueden acceder o mantenerse en el mercado laboral.
  • Las personas con discapacidad más severamente afectadas, pues dentro de este grupo de población, son precisamente éstas las que se encuentran objetivamente en una situación más vulnerable y de mayor necesidad, hecho que reclama la atención preferente no sólo de los poderes públicos y la sociedad, sino y sobre todo del propio movimiento asociativo.
  • La oportunidad digital (nuevas tecnologías y sociedad del conocimiento), pues estos factores están determinando y determinarán aún más la sociedad del futuro, de la que las personas con discapacidad no pueden quedar excluidas.
  • Las mujeres con discapacidad, dado que este segmento no sólo es el más numeroso dentro del grupo de las personas con discapacidad, sino que también es el que sufre una mayor discriminación, pues al factor de relegación por discapacidad, se añade el de relegación por género, común en todas las esferas de nuestra sociedad.
  • Las familias de personas con discapacidad, que siguen soportando muchas veces en exclusiva y sin el debido grado de protección social el esfuerzo suplementario que supone, en todos los órdenes, la atención a una persona con discapacidad, sobre todo, cuando ésta es gravemente afectada. Incluso, dentro de la propia familia, la atención a las personas con discapacidad no es equitativa, sino que recae preferentemente en las mujeres (en las madres, las hermanas, las esposas o parejas, etc.), lo que dificulta enormemente la posibilidad de que estas mujeres puedan llevar una vida social plena.
  • Las personas con discapacidad en el medio rural, pues este segmento está lejos de poder alcanzar los niveles de acceso a derechos, prestaciones, bienes y servicios a los que de ordinario sí accede una persona con discapacidad residente en un área urbana.

Una vez trazado el diagnóstico de los problemas que acucian al grupo de población de la discapacidad, es el momento de adentrarse en el examen concreto de las propuestas en aquellos ámbitos sectoriales donde más factores de exclusión y en un grado más determinante se producen.