Cooperación internacional

¿Cómo está el tema sobre cooperación internacional?

¿Cómo está el tema sobre cooperación internacional?

La palabra globalización, refleja explícitamente el panorama internacional actual; globalización surgida como consecuencia de una serie de factores bien identificados y analizados y que a su vez acarrea unas consecuencias que suscitan numerosas controversias en cuanto a su valoración: la globalización ¿es irreversible?, ¿es positiva?, ¿es reconducible?, ¿debe serlo?, ¿es para todos y todas?, ¿es para todo?, ¿es sostenible?En el Consejo de la Juventud de España, lejos de permanecer ajenos a ella, asumimos nuestra responsabilidad como parte del proceso globalizador.

Derivado de esta globalización, el acceso a la información nos permite, en el lugar del planeta donde vivimos, ser más conscientes de la panorámica del mundo que nos rodea e, incluso, augurar algunos resultados de la misma para un futuro no tan lejano; los datos que las organizaciones internacionales nos ofrecen, así como los textos finales de las múltiples convenciones que se suceden cada año, son estremecedores. Sirva como ejemplo el informe anual del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicado en 2003, al señalar que «en 2002, casi 1.200 millones de personas vivían en situación de pobreza extrema. Más de 50 países estaban en guerra, las tres personas más ricas del mundo poseen tanto dinero como el PIB de los diez países más pobres…». Y así podríamos añadir dato tras dato, hasta dibujar un panorama poco halagüeño ante el que no podemos mostrarnos indiferentes.

La globalización ha marcado más claramente las diferencias entre los ricos y los pobres, pero al mismo tiempo ha hecho que los unos sean más conscientes de los otros.

Podría interpretarse que es en esta última frase en que se basa la esperanza del PNUD, en que la solución a las grandes injusticias y desigualdades nace de la necesidad para la comunidad internacional de repartir los beneficios evitando así que no sólo los flujos financieros y comerciales traspasen las fronteras, sino que también lo hagan las soluciones a los grandes males como la destrucción del medio ambiente, las enfermedades, y que se globalicen los derechos humanos, civiles, políticos y sociales de las personas.

Vivimos en un mundo interdependiente en el que, el desarrollo y la prosperidad de unos, sigue dependiendo del sometimiento y la condena a la pobreza de otros, dando como cómputo general una acelerada degradación del planeta y unas desigualdades de tal calibre que diezman cada día los derechos humanos más básicos de millones de personas.

No es el propósito de este documento definir o analizar los factores que definen la globalización, sino exponer sus consecuencias y sobre todo identificar cómo afectan a la juventud del planeta, para así contextualizar el escenario en el que se desarrolla nuestro trabajo.

Entendemos como globalización la interdependencia entre todos los países y regiones del planeta, en lo económico, político, cultural y social a través, fundamentalmente, del desarrollo de los sistemas de comunicación y las nuevas tecnologías. Esta interdependencia se traduce en un sistema global de relaciones que afectan de uno u otro modo a todas las regiones, tienen como consecuencia en muchos casos la homogeneización cultural de las costumbres y los modos de vida, de los sistemas económicos e incluso políticos. Este sistema está basado en el predominio ideológico del pensamiento neoliberal y el capitalismo económico a escala mundial, y la influencia de unos valores economicistas, en perjuicio de otros de carácter más social.

Son otros actores económicos, sociales y políticos internacionales, distintos a los Estados, los que intervienen en los ámbitos del desarrollo, de la economía, de la seguridad y es una realidad que han mermado la capacidad del Estado de intervenir y controlar las consecuencias de los procesos de globalización en las economías nacionales y en el bienestar social de sus ciudadanos y ciudadanas. El hecho es que la desigualdad entre los países pobres y los ricos es cada vez mayor, lo que provoca la dominación de unos sobre los otros, y crea niveles de exclusión desde el ámbito local al internacional. Ante este abuso generado por la lógica del sistema, debe ser una prioridad garantizar el bienestar público de las poblaciones y las comunidades.

Por otra parte, los conflictos de intereses a nivel internacional, la tensión generada y mantenida entre Oriente y Occidente, la puja por los recursos, los movimientos migratorios, así como la versión actual del imperialismo, están generando problemas de estabilidad y seguridad de algunas zonas del planeta, y con ello están minando el desarrollo de pueblos enteros bajo el argumento subjetivo de la seguridad, generando crisis humanitarias, violando los derechos humanos de millones de personas, que en nada favorecen a la mejora de la calidad de vida de los pueblos y a la convivencia pacífica entre los mismos. Estos problemas son el caldo de cultivo ideal para el resurgimiento de fundamentalismos y movimientos sectarios de toda índole política, cultural y religiosa. Asimismo, este intervencionismo internacional escapa al control de los ciudadanos y las ciudadanas, generando una crisis en la participación democrática de la sociedad en lo que afecta directamente a la ciudadanía global, y en consecuencia, al desarrollo de las democracias en el planeta.

Como reacción a estas nuevas realidades globales y a la progresiva reducción del papel que desempeñan los Estados individualmente en el contexto internacional, muchos de ellos han avanzado en procesos de integración regional, de los cuales el más avanzado es el de la Unión Europea. A diferencia de otros procesos de integración que tienen un carácter exclusivamente económico, para poder competir con cierto peso específico en la economía global, la Unión Europea está creando nuevos espacios políticos, económicos y sociales que trascienden el marco de las relaciones entre Estados. En el contexto global, la aparición de estos grandes espacios dibuja un nuevo mapa en las relaciones políticas en todos los continentes.
 


La juventud en este mundo global


Desde el punto de vista demográfico, la población juvenil de 15 a 24 años en el mundo es de mil millones de jóvenes que suponen un 18% de la población total. Según las estimaciones de Naciones Unidas, en el 2025 la población joven alcanzará los 1.222 millones, y supondrá el 15% de la población total. El 85% de estos y estas jóvenes viven en países en vías de desarrollo.

La juventud es un agente en el diseño y construcción de las sociedades, cuyo progreso depende en gran medida de cómo los y las jóvenes se ven involucrados en el futuro de sus comunidades. Sin embargo, la dificultad de acceso a los recursos, a la educación, a la información, a las nuevas tecnologías para muchas personas y, en algunos países, a la toma de decisiones, las dificultades económicas, el vivir en países en conflicto, así como la falta de oportunidades, generan un incremento de la vulnerabilidad y de la exclusión social en los y las jóvenes.

La juventud es más vulnerable, como colectivo específico de la población, a las realidades del mundo globalizado dibujado anteriormente, y éstas les suponen importantes obstáculos para pasar a la vida adulta.

Hacia un mundo posible para el planeta y sus habitantes

El análisis y los datos expuestos nos dibujan un panorama desalentador. Más allá de esta primera apreciación, y una vez identificados los problemas y sus consecuencias, es más fácil generar propuestas que tengan como objetivo el respeto ante la diversidad, de ejercicio de la convivencia, de la educación e integración, del diálogo entre las civilizaciones y una vez más, de ejercicio de los derechos humanos. Es el momento de abogar por «un mundo en el que entren muchos mundos, una civilización mundial de solidaridad y diversidad».

La globalización y sus consecuencias han generado el nacimiento de nuevas voces, inicialmente anónimas, inicialmente individuales, que demandan otra forma de gobernar el planeta, utilizando las propias herramientas globalizadoras para exigir una alternativa a la rueda espídica de esta globalización que no entiende de valores ni de derechos, para reivindicar la participación de los pueblos en su propio desarrollo, en sus propios destinos.

Son movimientos de mujeres, de jóvenes, del campesinado, de trabajadores y trabajadoras, de la ciudadanía, redes de solidaridad, de equipos de investigación, de algunas universidades…, que han hecho visible una protesta a nivel también global, que ante la invisibilidad del poder toman como referencia las grandes cumbres multinacionales y a las organizaciones internacionales inmersas en el control del planeta. Los foros sociales mundiales y regionales se constituyen como un marco de referencia por su alto grado de impacto mediático y movilizador de los movimientos sociales para la construcción de un modelo diferente, alternativo al que se nos impone, y como una incipiente revolución ciudadana contra el poder global acumulado en pocas manos. «Algo debe tener este sistema para que a muchos, y en su mayoría a los y las jóvenes no les guste y quieran que cambie».

Y es por el descontento que este sistema imperante despierta en la juventud, por nuestro sentido de la responsabilidad, por nuestro sentimiento de pertenencia a una sociedad global, por nuestro derecho a construir, por nuestra necesidady derecho a participar, por nuestro compromiso como ciudadanos y ciudadanas en el trabajo necesario para conseguir el incipiente y tímido reconocimiento de las organizaciones sociales en el desarrollo de sus propias comunidades, que las organizaciones juveniles hacen su propia contribución hacia la construcción de ese «mejor nuevo mundo». Como parte del movimiento asociativo juvenil internacional nos comprometemos a trabajar para que se hagan realidad los compromisos alcanzados en la Cumbre Mundial de Desarrollo Social (Declaración de Copenhague, Naciones Unidas, 1995):

  • Erradicación absoluta de la pobreza, manteniendo una fecha de referencia que debería ser puesta por cada Estado.
  • Apoyar el pleno empleo como una meta básica de la política.
  • Promover la integración social basándose en el desarrollo y protección de los derechos humanos.
  • Conseguir la igualdad entre hombres y mujeres.
  • Acelerar el desarrollo de África y de los países menos desarrollados.
  • Asegurar que los programas de ajuste estructural incluyen metas sociales.
  • Incremento de los recursos destinados al desarrollo social.
  • rear un entorno económico, político, cultural, social y legal, que facilite a la población alcanzar el desarrollo social.
  • Garantizar un acceso universal y con equidad a la educación y a la sanidad primaria.
  • Fortalecer la cooperación para el desarrollo social a través de NN.UU.


La cooperación juvenil global


En nuestro discurso habitual, al menos hasta ahora, la primera reflexión que surge de la lectura de estos objetivos es: ¿qué puede hacer el movimiento asociativo juvenil para que se cumplan? Un movimiento, entendido como organizaciones juveniles, con diferentes intereses y campos de actuación, formado por jóvenes que, consciente y voluntariamente, forman parte de un proyecto en constante evolución y que utilizan sus propios métodos de trabajo y de organización. Y sin embargo, es en esta misma definición del movimiento asociativo juvenil donde encontramos la respuesta a la pregunta, ya que constituimos un actor social fundamental por:

  • Nuestra pluralidad y diversidad, tanto en los campos en que trabajamos como en las metodologías que aplicamos; no sólo es importante el resultado de nuestros trabajos, sino también el proceso seguido para lograrlo; esto permite nuestra aportación en muy diferentes ámbitos de actuación y el mantenimiento de un movimiento heterogéneo; la aplicación de nuestro trabajo diario en diferentes campos para la construcción de un modelo de participación a través del respeto y la tolerancia así como el intercambio con otros modelos participativos.
  • Unas metodologías de trabajo basadas en la formación permanente e integral del joven, a través de la educación no formal y el debate.
  • Por nuestra renovación constante de discurso, que exige un debate continuo desde los valores más básicos compartidos.
  • Nuestro compromiso en sumarnos a un proyecto, como manifestación de un convencimiento de que colectivamente se logra más que individualmente.
  • Por nuestra condición de «jóvenes», lo que más allá del dato estadístico nos hace ser un sector de la población importante a la hora de hablar de desarrollo.
  • Por nuestro protagonismo, no sólo de cara al futuro, sino en el presente, como reconoce Naciones Unidas en la Resolución de la 41 sesión del ECOSOC al afirmar a la juventud como «agentes activos en los procesos de toma de decisión, de cambio positivo y desarrollo de la sociedad».

Y son estos rasgos los que nos permiten defender la cooperación juvenil global como la aportación del movimiento asociativo juvenil al desarrollo social, a la construcción de la democracia y al fortalecimiento de la participación activa de la juventud en el desarrollo económico, social, político y cultural mundial en la era de la globalización.

La cooperación juvenil global se organiza, a nivel internacional, a través de plataformas representativas de organizaciones juveniles, desde el ámbito local/nacional hasta el ámbito regional/ mundial; generan así, a través de sus propias estructuras e instrumentos de diálogo, un intercambio de proyectos y experiencias y una coordinación para dar respuesta a problemas globales. Es la expresión de una cooperación entendida comola unión de esfuerzos en un proyecto común, quetransciende las tradicionales visiones asistencialistas, que tiene en cuenta las perspectivas norte-sur, norte-norte o sur-sur, fortaleciendo la coordinación en red en estos niveles y buscando el diálogo tanto con las instituciones como con las organizaciones de desarrollo.


Resolución sobre Juventud de la Sesión 41 del Comité Económico y Social de Naciones Unidas

Así, bajo diferentes expresiones, los fundamentos y valores en los que nos basamos son los mismos, y se comparten, no sólo con el resto de las áreas de trabajo del propio Consejo, sino por una gran infinidad de colectivos, plataformas y organizaciones sociales. Estos principios son:

  • los derechos humanos, sociales, civiles;
  • las libertades individuales y colectivas;
  • la igualdad de oportunidades;
  • la interculturalidad, y la convivencia de las distintas razas y etnias, pueblos y personas y las expresiones de sus culturas;
  • la democracia participativa en todos los aspectos de la sociedad;
  • la democratización de la información y la comunicación;
  • la democracia económica, social y paritaria;
  • el desarrollo social sostenible y sustentable, respetando el medio ambiente y al servicio de la naturaleza y la humanidad;
  • la paz y la solidaridad entre los pueblos, y la lucha contra el integrismo y todas las formas de violencia;
  • la justicia social y la superación de todas las formas de discriminación y
  • la autodeterminación de los pueblos.


MARCO GLOBAL


El trabajo que el Consejo de la Juventud de España desarrolla en este ámbito tiene como principal reivindicación, y es motor de nuestras actuaciones, la defensa de una democracia global, a partir de unas instituciones capaces de ofrecer un marco adecuado para la construcción y desarrollo de dicha democracia, unos objetivos comunes que sustenten esa democracia así como unos canales de participación que nos permitan formar parte de su construcción y desarrollo.

Nuestras actuaciones deben dirigirse a dimensionar a nivel global, el trabajo y las propuestas que desde los niveles locales, autonómicos y estatales lanzamos a la sociedad.

 

MARCO REGIONAL: NUESTRAS PRIORIDADES


Sobrepasando nuestras fronteras, debemos también contextualizar nuestro trabajo en determinadas regiones que, bien por pertenencia, bien por vinculaciones culturales, históricas, políticas o de cualquier otra índole reclaman nuestra presencia como Consejo de Juventud.


Mediterráneo


Aunque la Unión Europea es nuestro principal escenario,hay otra región de la que formamos parte y que compartimos con los países del norte de África: el Mediterráneo. Es nuestro convencimiento que es también responsabilidad nuestra hacer del Mediterráneo una región en paz, democrática, próspera y respetuosa con los derechos humanos y las diversas culturas que conviven en ella.


América Latina


Más allá de razones de cercanía e intercambio cultural o de responsabilidad histórica, es el propio modelo global del movimiento juvenil el que nos mueve a relacionarnos y trabajar con la región latinoamericana.

Uno de los más sólidos pilares del trabajo internacional del Consejo de la Juventud de España es el realizado con América Latina, enfocado principalmente hacia el apoyo a la creación de estructuras nacionales de juventud, por un lado, y hacia la creación y consolidación de una plataforma regional de coordinación por otro lado,el Foro Latinoamericano de Juventud (FLAJ), promoviendo su reconocimiento ante las organizaciones juveniles y las instituciones responsables de juventud, tanto en el propio continente americano como en el europeo.

En la evolución de estas relaciones, ambas partes hemos detectado la necesidad de avanzar en esta cooperación con un objetivo muy concreto que permita rentabilizar los esfuerzos realizados hasta ahora y que comparte nuestra apuesta de cooperación global.